Necesito que la semana
tenga diez días,
Que entre lunes y martes
exista un respiro,
Entre jueves y viernes,
no duela el vacío,
Que después del domingo,
exista otro domingo.
Necesito que la semana
tenga diez días,
Que entre lunes y martes
exista un respiro,
Entre jueves y viernes,
no duela el vacío,
Que después del domingo,
exista otro domingo.
El legado
No quiero que el silencio sea eterno entre nosotros. Pero así lo decidiste.
Recuerdo aquel día tu silueta enmarcada por el sol de otoño. Pediste un expreso. Solo. Yo café con leche con dos medialunas. La mañana estaba tranquila. Empezaban a entrar algunos oficinistas al bar. Seguramente un descanso de media mañana, vaya a saber. Apurados. Casi autómatas. Tu sin embargo, no tenías apuro. Sabías de antemano, que ya habías ganado.
Me preguntaste por mi mujer y mis hijas. No las veías hace mucho, no te interesó nunca. Yo tampoco te interesé. Siempre me dí cuenta que tenías preferencia por mi hermano Federico, el mayor. Yo el segundo. Siempre el segundo. Mis miedos, mis alegrías, mi vida. Al margen de mi hermano. No era ajeno a la sentencia que dictaminarías ese día. Pero siempre en algún rincón del alma, queda un atisbo de ingenuidad. Claro que sí.
“¿Terminaste?” - mira que en un rato ya tengo que ir a la notaría y no quiero andar con boludeces. Siempre supe que no sabrías llevar el apellido, ¡dos mujeres, dos!. Y encima la yegua de tu mujer está embarazada otra vez. Otra mujer.¿ No te da vergüenza? Federico al menos hizo las cosas bien.
Cavaste tu propia desgracia.
Forjaste tu propia herencia.
Tu herencia.
Mujeres.